Tienes un superpoder ¿lo utilizas?

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Los superpoderes no son exclusiva de MARVEL. Los seres humanos disponemos de algunos superpoderes alucinantes, capaces de cambiar el rumbo de nuestras vidas y nuestro entorno; capaces de generar bienestar y beneficios tanto a nosotros mismos como a quienes nos rodea. En este post, me centraré en uno de esos superpoderes. Cuando lo acabes de leer, podrás pensar que es una chorrada y seguir como hasta ahora o ponerlo a prueba y comprobar por ti misma las ventajas de este superpoder. Tú decides.

¿Qué beneficios provoca este superpoder?

  • Vidas más satisfactorias. Las personas que utilizan este superpoder disfrutan de vidas más plenas, relaciones de pareja más duraderas y experimentan mayor bienestar y éxito a lo largo de sus vidas; según un estudio de la UC Berkeley.
  • Mayor longevidad. Las personas que utilizan ese superpoder vivien una media de 7 años más que quienes no lo aplican, según un estudio de la  Wayne State University en 2010.
  • Mejora la comunicación interpersonal. Es un superpoder controlable y contagioso. Dos estudios (2002 y 2011) de la Universidad de Uppsala en Suecia, confirmaron que al aplicar este superpoder dificultamos que las personas que nos rodean puedan enfadarse, convirtiéndose por tanto, en el principal y más eficaz medio de comunicación.
  • Nos hace sentir mejor. Charles Darwin ya había desarrollado una teoría que explicaba la razón por la que el mero hecho de aplicar este superpoder, nos hacía sentir mejor.  Un estudio de la universidad Echnische de Munich demuestra con técnicas de neuroimagen, que la puesta en práctica de este superpoder activa los circuitos de las emociones positivas y de felicidad, corroborando la teoría de Darwin.
  • Estimula los centros cerebrales de recompensa. La aplicación de este superpoder estimula los mecanismos de recompensa de nuestro cerebro. Un estudio realizado en el Reino Unido ha descubierto que al aplicar este superpoder puede estimular tanto nuestro centro de recompensa cerebral como si recibiéramos 16.000 libras esterlinas en efectivo.
  • Reduce el estrés, la ansiedad y disminuye la presión arterial. El efecto terapéutico de este superpoder se ha asociado con niveles reducidos de hormona del estrés (como cortisol, adrenalina y dopamina), aumento de la salud y niveles de hormona que aumentan el estado de ánimo (como las endorfinas) y disminución de la presión arterial.
  • Mejora nuestra imagen. Cuando aplicamos este superpoder, no sólo conseguimos parecer más simpáticos y amables, sino también somos percibidos como personas más competentes.

Este superpoder es la sonrisa. Una manera sencilla y superpoderosa de mejorar de forma significativa tus pensamientos, tu apariencia y tus relaciones con los demás. Contra más tiempo la utilices, más poder.

Haz la Prueba. No importa que estés de mal humor, mejor aún, porque así comprobarás el efecto positivo sobre tu estado de ánimo.

Ponte delante del espejo y ensaya tu mejor sonrisa, mantenla durante unos instantes y comprueba sus efectos.  Empiezas a creerme, ¿verdad?

Practica esa sonrisa en la calle, mientras tomas una copa con amigos, en el trabajo, con tu pareja, con tus hijos,  etc… verás qué cambio.

Si ya estás convencido, coge todas las fotos de perfil de tus redes sociales y cámbialas por una nueva foto en la que salgas sonriendo.

Utiliza este superpoder en todo momento y situación y conseguirás maximizar sus efectos beneficiosos, y luego, si te apetece compartir tu experiencia, estaré aquí para escucharla con interés.

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Efectos beneficiosos de la Salsa y la bachata sobre la salud física y psicológica.

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Hoy os voy a hablar de una práctica con grandes efectos beneficiosos para la salud física y el equilibrio psicológico de las personas, especialmente indicada para aquellas personas a las que os cuesta más relajaros haciendo ejercicios de respiración profunda y meditación. Se trata de la salsa y la bachata.

Sí, en efecto, hoy os voy a hablar del baile, y en especial de estos dos tipos de danza. Si no os lo creeis, podeis empezar esta misma semana con el amigo César de El Vendrell, en el Feel Dance SBK, en la planta superior del conocido “Rustic”. Más abajo os doy información de horarios y precios.

Generando endorfinas.

Para empezar, el baile es un ejercicio que te ayuda a generar endorfinas. Como algunos ya sabeis, las endorfinas son unas sustancias (técnicamente se conocen como péptidos opioides endógenos) que funcionan como neurotransmisores que se producen en la glándula pituitaria y el hipotálamo, y cuyos efectos son  analgésicos y de sensación de bienestar. Así que de entrada, se recomienda para combatir dolores, estados de melancolía, tristeza, así como para potenciar la sensación de bienestar de las personas.

Las endorfinas implican una acción farmacológica semejante a la actividad de los corticoesteroides o la morfina pero a diferencia de los medicamentos producidos artificialmente por la industria farmacéutica, las endorfinas son producidas por esa gran farmacia que es nuestro propio cuerpo.

Aumento de la capacidad respiratoria, resistencia y salud cardiovascular.

Como es un ejercicio aeróbico tiene efectos positivos sobre tu capacidad respiratoria, sobre tu resistencia física y sobre tu salud cardiovascular.

Mejora tu capacidad de relacionarte con los demás.

Bailar es una actividad que puedes realizar solo, en pareja o en grupo, y que potencia habilidades de expresión artística y coordinación motriz, pero también de habilidades sociales: el contacto con otras personas, trabajo en equipo, coordinación y sincronización con otras personas. Sus beneficios lo hacen una práctica recomendable para personas que necesiten reforzar cualquiera de estas habilidades, para personas que quieren vencer su timidez, o simplemente ampliar su red de contactos.

Creatividad  e inteligencia emocional.

Hablábamos antes de la generación de endorfinas. Bailar es una terapia que te libera de tristezas, rutinas estresantes, frustraciones del día a día, permitiéndote adquirir estrategias para combatir el estrés, la tristeza o la ira, y desarrollando también nuestra parte creativa y nuestra inteligencia emocional.

Ejercicios como el baile te permiten desconectar tu parte consciente de los problemas del día a día, para volver a abordarlos después con nuevas fuerzas y otra perspectiva. La creatividad se desarrolla permitiendo a la mente desconectar para dedicarse al ocio, lo que se conoce con el nombre de procrastinar de forma eficiente, para volver a dedicarse a la resolución del problema posteriormente.

Vencer la timidez

Mediante la danza, se aprenden habilidades de afrontamiento a la sensación de ridículo, o de miedo a equivocarse, que acompañan la mayoría de problemas de timidez y fobia social. La danza nos desinhibe ante las miradas de los demás y nos obliga a entrar en contacto con otras personas, mirar de frente, comunicarnos verbal y con la mirada y los gestos, favoreciendo por tanto, nuestras habilidades sociales y nuestra propia autoestima.

Ergonomía: salud postural y física.

En tanto que ejercicio, ayuda a quemar calorías, mantenerte en forma y bajar de peso, si esa es tu pretensión, pero además ayuda a tu equilibrio y a cambiar tu postura corporal, mejorando tu salud postural (problemas de espalda y cuello sobretodo).

Romper con la rutina.

Sin palabras. Todo el mundo sabe lo que quiere decir romper un poco con el día a día y liberarnos de obligaciones y deberes cotidianos.

En definitiva, tanto por sus efectos sobre la salud física como la salud psicología y social, la bachata y la salsa son actividades altamente recomendables y económicas. Os dejo seguidamente, los horarios y precios de Feel Dance SBK en El Vendrell.

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La actitud del samurái 1

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De la lectura del libro “Hagakure. El camino del samurái”, de Yamamoto Tsunetomo, he extraído una series de conclusiones que entroncan perfectamente con los fundamentos psicológicos sobre los que se asienta mi práctica en psicología clínica.

Inicio con este post una serie de entradas en formato frase sobre la que pensar. En este primer post de la serie, me ha parecido interesante la reflexión sobre el aquí y el ahora, sean cualesquiera que sean los objetivos de cada persona. Centrarte en tu acción en el aquí y ahora, ser plenamente consciente de lo que cada uno hacemos en nuestro aquí y ahora, qué hacemos, qué sentimos, qué pensamos en cada momento, ayuda a dirigir tu conducta, tus emociones y tus pensamientos hacia dónde tú decidas: tus objetivos, los estados emocionales que quieras sentir, y a reflexiones más positivas hacia uno mism@.

Nos hace pensar sobre la necesidad de no postergar una y otra vez aquellas tareas, o aquéllos cambios que queremos hacer pero que nunca encontramos el momento apropiado. De hecho, cuando eso ocurre, es muy frecuente que además nos encontremos mal por ello, generándonos ansiedad y estrés de forma innecesaria.

Esta frase nos motiva a no postergar esos cambios, a ponerlos en práctica hoy, ahora, sin más dilación…porque si no lo haces corres el riesgo de no hacerlo nunca. Salir de la zona de confort a la que cada un@ estamos acostumbrados para provar algo nuevo es solo cuestión de decisión.

 

 

 

No exageres: sé realista.

abandonarEl diálogo interior, lo que nos decimos a nosotros mismos, es como un resorte que nos predispone a un determinado estado de ánimo. Las personas con depresión o ansiedad, y no sólo ellas, acostumbran a tener una serie de pensamientos automáticos negativos que se constituyen en una especie de “brigada saboteadora” contra nosotros mismos. Es ese “señor juez”, excesivo y desproporcionado, que nos hunde en la miseria más absoluta sin existir motivo para ello.

Algunos de estos pensamientos irracionales, como los llamaba Albert Ellis, son:

Pensamiento dicotómico: “o es bueno o es malo”, “o es blanco o es negro”.

Cuando algo sale mal nos echamos la culpa de todo.  ¿qué pasaría si en lugar de hablar de “culpas” habláramos de “responsabilidad”?. ¿Y si en lugar de atribuirnos toda la responsabilidad, nos atribuyéramos solo la parte que nos corresponde?.

¿Qué dirán los demás?

Uno de los miedos (incluso fobias) más comunes es el miedo a que los demás nos valoren de forma negativa: el miedo a caer mal, el miedo a hacer el ridículo, el miedo a que piensen que no soy suficientemente inteligente. Esos miedos, a menudo enmascaran una autoestima altamente negativa. No es que nos dé miedo a que los demás “piensen que no soy suficientemente (lo que sea)”; más bien es el miedo a que los demás “se dén cuenta de que no soy suficientemente (lo que sea)”. Piensa que nadie es perfecto, y no es necesario que lo seamos. Aceptarnos tal y como somos, con nuestras virtudes y defectos nos debe hacer olvidarnos de lo que piensen los demás acerca de nosotros mismos. Tú eres tu mejor aliada/o, así que deja de preocuparte por lo que piensen los demás (que seguro que están muy ocupados con sus propias inseguridades).

La atracción de los pensamientos.

Los pensamientos son como imanes. Si creemos que algo puede salir mal, nuestra mente empieza su labor de saboteadora “yo no valgo para esto”, “este esfuerzo no vale la pena”, “no conseguiré nada bueno”.  Estos pensamientos tan negativos sólo cumplen una función: mantenernos en nuestra zona de confort, no intentar hacer nada nuevo, renunciar a la novedad. Intenta sustituir estos pensamientos por otros más positivos “el que no lo intenta no lo consigue”, “nadie logra el éxito a la primera”, “de cada error aprenderé una lección”.

Generalizar lo negativo

Tenemos la tendencia de generalizar las experiencias negativas. Si algo salió mal en una ocasión pensamos que siempre saldrá mal. Si una relación fue nefasta para nosotros, creemos que siempre tropezamos con la misma piedra. Esta generalización nos bloquea. Edison no inventó la bombilla hasta haber aprendido 10.000 maneras diferentes de cómo no funciona una bombilla. No generalicemos. Aprendamos de los errores y sigamos en la batalla.

Descalificar y descalificarse uno mismo.

La descalificación de los demás y la autodescalificación van a menudo muy unidos. La exigencia y la autoexigencia, o lo que es lo mismo, la falta de tolerancia es uno de los tipos de pensamiento más extendidos y negativos.

Aprender a tolerar el error tanto de los demás como el propio, y no descalificar a los demás por una simple equivocación nos convierte en seres más humanos y positivos. Que una persona se caiga una vez no lo convierte en torpe. Que una persona se equivoque a veces no significa que siempre esté equivocado.

No hay salida.

A veces nos encontramos en situaciones que nos bloquean mentalmente y nos sumergen en un océano de angustia. En una situación de desempleo podemos caer en la frustración de pensar “nunca encontraré empleo”; en una ruptura amorosa, podemos pensar “nunca volveré a amar ni a ser amado”. Ya dijimos antes que la generalización es un mal a evitar. igualmente, la dramatización se convierte en una llamada a la angustia. Intentemos relativizar las cosas: no hay mal que 100 años dure (ni cuerpo que lo resista). Después de la tempestad llega la calma, y después de una subida siempre llega un replano (ésta última frase siempre me la dice un amigo runner, y la utiliza para vencer el cansancio de las subidas cuando corre).

En fin amigos, ser más positivos no significa que nos autoengañemos, simplemente que abandonemos el engaño negativo al que nos someten  nuestros pensamientos y empecemos a coger las riendas de nuestras acciones de forma realista, aprendiendo de los errores y disfrutando de los éxitos por los que trabajamos día a día. 

Baltasar Santos

Estrés, personalidad e infartos ¿reconoces a algún compañero?

El estrés es una reacción física y emocional que todos experimentamos cuando nos enfrentamos a un reto o un cambio en nuestras vidas. Aunque asociamos el estrés a sus efectos negativos, la verdad es que en muchas ocasiones nos ayuda a ser más productivos o tomar decisiones más rápidas. El estrés puede, por tanto,  tener efectos tanto positivos como negativos, y lo definimos como la respuesta automática de nuestro organismo ante situaciones que, en principio, podemos percibir como una amenaza o como un desafío. En no pocas ocasiones, la percepción de amenaza es sólo eso, una percepción porque el objeto al que nos enfrentamos no es amenazante.

La respuesta física del estrés tiene mucho que ver con la detección de un peligro, una amenaza, y por tanto tiene una función protectora del ser humano. Imagínense un hombre de la prehistoria que se enfrentara a una manada de tigres con dientes de sable, y no le funcionara la respuesta del estrés (o del miedo, o de huída-ataque): ese hombre moriría irremediablemente devorado por las fieras. Afortunadamente, la respuesta de estrés, que se activa automáticamente ante la percepción de las fieras salvajes, funciona a la percepción, y nuestro cavernícola comenzó a segregar adrenalina, a aumentar la presión sangüínea, y la frecuencia respiratoria…todo para llevar más sangre (llena de oxígeno) a nuestro cerebro y a nuestros músculos. La respuesta de huída o ataque se activa ante la detección de un peligro, y nos prepara para la lucha o para salir corriendo si fuera el caso. El problema del estrés sobreviene cuando esa respuesta automática se activa ante situaciones y estímulos que no suponen realmente ninguna amenaza.

Nuestro entorno diario nos exige continuamente cambios, adaptaciones, afrontar problemas y retos. Es por ello, que cierta cantidad de estrés nos ayudará activándonos para dar la respuesta más satisfactoria.

Las diferencias entre las personas a la hora de interpretar si tal o cual situación es amenazante o peligrosa, nos lleva a afirmar que el estrés no es simplemente la respuesta a una situación, sino la respuesta que damos cuando interpretamos que una situación es amenazante o peligrosa. Por ello, el estrés no es consecuencia de circunstancias externas sino que es consecuencia de una interacción entre las circunstancias externas, nuestras creencias, pensamientos e interpretaciones, y nuestras emociones, sin dejar de lado la fundamental aportación de la experiencia previa que cada uno ha tenido y que marca los aprendizajes de cada persona.

El estrés tiene consecuencias positivas cuando nos lleva a afrontar adecuadamente los problemas diarios, percibiéndolos como retos o como oportunidades. Sin embargo, si la respuesta de estrés perdura ante todo tipo de situaciones (todo se percibe amenazante), acaba generando un estrés excesivo o ansiedad, que acaba por dañar nuestra salud, nuestro equilibrio, nuestro trabajo y nuestras relaciones con los demás.

Como vemos las expectativas personales que tenemos ante una determinada situación son las que van a marcar la diferencia entre un estrés saludable y un estrés insano.  Cuando afrontamos una situación potencialmente amenazante, pero estamos seguros de poder afrontarla con éxito, y preparados para un eventual fracaso, la respuesta de estrés es, en todo caso beneficiosa. En cambio, si nuestra expectativa ante esa situación amenazante es que ésta nos va a superar, que no saldremos airosos, y que todo será una catástrofe, la situación de estrés es negativa. Igualmente sucede cuando las expectativas ante una determinada situación no son realistas: por ejemplo, cuando nos exigimos hacer una tarea nueva a la perfección la primera vez, en este caso, nos autoimponemos unas exigencias difíciles de satisfacer, por lo que lo más probable es que antes de ejecutar la tarea sintamos estrés por querer ejecutarla a la perfección.

Ninguna de las situaciones que normalmente pensamos que son estresantes, son, por si mismas, realmente amenazantes. Ni el exceso de trabajo, ni nuestro vecindario, ni nuestra familia, problemas económicos, etc…. son equivalentes a los tigres de dientes de sable con los que se enfrentaba nuestro cavernícola. .

 Son nuestras características personales en interacción con las demandas del entorno, las que nos predisponen a padecer exceso de estrés, ansiedad o las enfermedades fisiológicas con las que se relacionan (ictus, ataques al corazón…).

En relación a los accidentes vasculares (cerebrales o coronarios), gracias al estudio de la personalidad de los enfermos, se ha podido establecer un perfil de personalidad (tipo A)  que, junto con otros factores (colesterol, tabaco, grasas, falta de ejercicio), predispone a la enfermedad. Algunas de las características personales y del estilo de vida  de estos enfermos son:

  • Impaciencia: se quiere conseguir todo y se quiere conseguir en el menor tiempo posible. Siempre van con prisa.
  • Necesidad de control: suelen tener la necesidad de controlar las situaciones en las que se encuentran.
  • Competitivos y ambiciosos: son perfeccionistas y exigentes, consigo mismo y con los demás. Tienen que ser los mejores y conseguir los mejores resultados. Siempre quieren más (más dinero, mejores casas, más relaciones sexuales con diferentes parejas…).
  • Hiperactividad: se embarcan en más actividades de las que siendo realistas pueden llegar. Acostumbran a adquirir muchos compromisos y obligaciones, que se esfuerzan en satisfacer. Llenan sus agendas de actividades milimétricamente temporalizadas,  pero como no llegan a todo, se enfadan con las personas que están a su alrededor y consigo mismo.
  • Habla acelerada: Son personas cuyo discurso puede ser entendido como ansiógeno o incluso agresivo. Quieren decir muchas cosas y muy rápido, y en la mayoría de ocasiones en un volumen de voz superior al que sería adecuado a la situación.
  • Agresividad y baja tolerancia a la frustración: cuando no se les entiende, o cuando no se les hace caso, se enojan muy rápidamente, pasando de 0 a 100 en décimas de segundo, y teniendo habitualmente explosiones de ira.
  • Excesiva activación cortical: Ni siquiera a la hora de dormir son capaces de desconectat. Tienen grandes dificultades para relajarse, entre otras cosas porque entienden que relajarse y descansar es sinónimo de holgazanear, y dejar a un lado sus obligaciones.

El primer paso para prevenir accidentes vasculares, es querer cambiar este estilo de vida, ansiógeno y estresor, por un estilo de vida más saludable psicológica y físicamente.

¿Por qúe engordan los nervios?

En uno de los geniales monólogos del inolvidable Pepe Rubianes, decía que cuando iba a la carnicería pedía que le sirvieran los filetes de carne “sin nervio” porque los nervios engordan.

Aunque la fibra nerviosa no engorda, comer ansiosamente o de forma estresada sí que puede engordarnos por diversas razones:

  • La respuesta de nuestro organismo ante el estrés es la activación del mecanismo de respuesta huída-ataque, lo que implica que, entre otros cambios, se produzca una ralentización de la digestión, volviéndose ésta lenta y pesada.
  • Durante una comida estresada, solemos aumentar la frecuencia de bocados y disminuir la frecuencia de masticaciones, haciendo que ingiramos más alimentos y peor digeridos que en una situación de comida placentera.
  • La sensación de hambre tarda más en calmarse dando lugar a que ingiramos más alimentos de los necesarios, hasta que el cerebro avisa que el hambre ha desaparecido.

¿Qué hacer para comer saludablemente?.

1.- Las comidas son un placer y un buen momento para compartir una buena conversación, sin prisas.

2.- La respiración lenta y profunda acompaña a los momentos de relajación. Intenta que la comida sea uno de esos momentos.

3.- Evita demasiados estímulos auditivos o visuales de fondo, evita el ruído. Quita la TV y disfruta de un rato de silencio o de música relajante.

4.- La masticación es la primera digestión que realizamos. Masticar bien cada bocado nos asegura una perfecta digestión.

5.- El mindfullnes aplicado a la comida significa tomar conciencia del momento de comer, de los sabores y olores, de las texturas, de los condimentos, de los sonidos en boca de cada bocado…, Practica la conciencia plena en la comida y experimentarás el placer de comer.

6.- Elige unos alimentos equilibrados. Vigila la ingesta de grasas y azúcares, y elimina de tu dieta las bebidas carbonatadas o dulces. Agua, o un buen vino (incluso una copa de cava Brut Nature) pueden ser unos buenos aliados de la comida, siempre que no sea excesivo. Es preferible beber antes de comer que hacerlo durante la comida.

7.- Piensa en el momento del día en que estás. Si es de noche y después de la cena vas a dormir, la cena ha de ser muy ligera (ensalada y poco más). Si es de día y estás en el desayuno, éste puede ser más abundante. Ya sabes aquello de “desayunar como reyes, almorzar como príncipes y cenar como mendigos”.