La actitud del samurái 1

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De la lectura del libro “Hagakure. El camino del samurái”, de Yamamoto Tsunetomo, he extraído una series de conclusiones que entroncan perfectamente con los fundamentos psicológicos sobre los que se asienta mi práctica en psicología clínica.

Inicio con este post una serie de entradas en formato frase sobre la que pensar. En este primer post de la serie, me ha parecido interesante la reflexión sobre el aquí y el ahora, sean cualesquiera que sean los objetivos de cada persona. Centrarte en tu acción en el aquí y ahora, ser plenamente consciente de lo que cada uno hacemos en nuestro aquí y ahora, qué hacemos, qué sentimos, qué pensamos en cada momento, ayuda a dirigir tu conducta, tus emociones y tus pensamientos hacia dónde tú decidas: tus objetivos, los estados emocionales que quieras sentir, y a reflexiones más positivas hacia uno mism@.

Nos hace pensar sobre la necesidad de no postergar una y otra vez aquellas tareas, o aquéllos cambios que queremos hacer pero que nunca encontramos el momento apropiado. De hecho, cuando eso ocurre, es muy frecuente que además nos encontremos mal por ello, generándonos ansiedad y estrés de forma innecesaria.

Esta frase nos motiva a no postergar esos cambios, a ponerlos en práctica hoy, ahora, sin más dilación…porque si no lo haces corres el riesgo de no hacerlo nunca. Salir de la zona de confort a la que cada un@ estamos acostumbrados para provar algo nuevo es solo cuestión de decisión.

 

 

 

Antídoto contra el aislamiento

Hay personas gentemucho más propensas que otras a aislarse, a incomunicarse, con el objeto de escapar del sufrimiento que le provocan las relaciones sociales. Las causas pueden ser muchas y muy variadas: una frustración amorosa, la vivencia de una traición, vergüenza, culpa…. pero el denominador común suele ser: “mejor solo que mal acompañado”.

Aunque a veces, tal solución puede ser positiva, puesto que tiene un beneficio a corto plazo: evita la confrontación, o el esfuerzo de enfrentarse a situaciones no deseadas. Además de suponer un beneficio a corto plazo, el autoaislamiento puede ser reforzante puesto que implica un sentimiento de autosuficiencia y de reflexión interna (introspección) que puede facilitar un auto análisis de la situación que atraviesa la persona para trazar planes de mejora.

Como contrapunto, el autoaislamiento provoca sentimientos de soledad, de frustración y de baja autoestima, más o menos intensos, dependiendo de la vulnerabilidad de cada persona.

Seguramente, hay momentos en que aislarse voluntariamente (meterse en la cueva) puede ser beneficioso para la persona, siempre que dicha conducta sea pasajera (unos dias), tiempo suficiente para recapacitar. Sin embargo, las personas que se meten en su cueva con la intención de no salir, corren el riesgo de ver ese deseo hecho realidad, y quedarse aislados para siempre de una sociedad que nos aporta relaciones de todo tipo, buenas, malas, y de gente maravillosa.

Es importante no aislarse. El ser humano es social por naturaleza, por lo que la desconexión completa y permanente no solo no es beneficiosa sino permanentemente perjudicial para la persona que la practica. Si observas un charco de agua mientras llueve observarás que cada gota de agua que cae genera un círculo alrededor suyo diferente, y sin embargo, la expansión de ese círculo no solo depende de cada gota, sino del resto de gotas que van cayendo al lado.

De igual manera, el ser humano es único e irrepetible, pero nuestro desarrollo siempre depende del conjunto de personas que nos rodean, que nos influyen y a las que influímos. Intentar aislar esa interconexión es poco menos que imposible, tan imposible como que las hojas de un árbol no se muevan a merced del aire que sopla en su dirección.

Pensar que toda relación es positiva es, sin lugar a dudas, un buen planteamiento que nos ayuda a superar los estados de fracaso relacional. De las buenas relaciones sacamos buenos momentos, de las malas sacamos aprendizaje, y en la vida, hay algunas relaciones que simplemente son maravillosas y que nos dejan huella y recuerdos permanentes.

Renunciar a ellas es renunciar a vivir lo mejor que nos ofrece la vida.

 

 

 

 

 

Mejorar la inteligencia social en 6 pasos.

IERecientemente, en una reunión formal donde discutíamos sobre los perfiles profesionales de algunas personas, una de las asistentas hacía notar la falta de empatía de uno de los evaluados, y la gran empatía del otro candidato. Hacía esta evaluación aplicando de forma equivocada el concepto de empatía. Realmente, lo que mi compañera quería decir es que uno de los candidatos era extrovertido y el otro no lo era, sin que eso tenga que ver con la capacidad de entender a las personas.

¿Puede una persona introvertida ser empática?. Por supuesto que sí. La gran mayoría de personas introvertidas tienen una inmensa capacidad de escuchar y entender los problemas de los demás, sin necesidad de ser extrovertidos ni divertidos a la vista de los demás. En el polo opuesto, en algunos casos, las personas extrovertidas no son empáticas, dado que pueden preocuparse más de caer bien, y ser divertidos, que por escuchar y entender a los demás. Suele decirse que las personas extrovertidas tienen muchas más relaciones pero más superficiales que las personas introvertidas, mucho menos sociales, pero con relaciones más profundas y comprometidas.

Esa confusión de conceptos me ha motivado a escribir estas líneas en las que intentaré explicar que es la inteligencia social y cómo mejorarla.

Cuando hablamos de inteligencia nos referimos a la capacidad de adaptación al medio, a la capacidad que tenemos de relacionar conocimientos y utilizarlos para resolver una situación concreta. Cuando hablamos de inteligencia social nos estamos refiriendo a la capacidad que tenemos todos los seres humanos de entender, tratar y llevarnos bien con los que te rodean. Este tipo de inteligencia es aquella que ejercitada correctamente nos ayudará a mejorar la calidad de nuestras relaciones personales, a que nuestros logros profesionales aumenten, a que nuestras relaciones sentimentales sean mucho más estables y duraderas. En resumen, es el tipo de inteligencia que hará que nos relacionemos con efectividad y que obtengamos el mínimo nivel de rechazo.

La inteligencia social, contrariamente a lo que muchas personas opinan, no está preestablecida genéticamente. Se puede entrenar y para ello sólo hay que tener en cuenta algunos factores como los expuestos a continuación:

1. EMPATÍA: Es la capacidad de entender a los demás, de ponernos en su “piel” para entender lo que dicen, cómo se sienten…de forma que podamos ofrecerle la respùesta más adecuada. Decía en la introducción que no hemos de confundir empatía ni con simpatía ni con extroversión, sino la capacidad de conexión emocional con la otra persona. La podemos ejercitar cada día mediante un sencillo ejercicio: Busca un periódico o un “post” de algo que haya experimentado un amigo de facebook. Extrae de él la experiencia de otro e imagínate cómo te sentirías tú en su lugar. Te aseguro que si lo haces cada día al final tu cerebro lo hará de una manera natural.

2. LIDERAZGO: Liderazo no es sólo la capacidad de dirigir a los demás, sino sobretodo, la capacidad de crear sinergias que hagan que las personas quieran seguirte. El liderazgo exige disciplina y autocontrol en las buenas y en las malas situaciones. Las personas líderes, lo son en la medida en que pueden liderarse a si mismos, con su capacidad de autocontrol y disciplina personal en sus tareas. Una persona que se lidera a si misma está en disposición de liderar a otros.

3. ASERTIVIDAD: La asertividad es esa forma de comunicación que nos permite luchar por nuestros objetivos siempre de forma respetuosa con los derechos de los demás. Contrariamente a la comunicación pasiva (ejemplificada en la frase “lo que tu digas”, “lo que tu quieras”), y contrariamente a la comunicación agresiva (ejemplificada en los reproches o las amenazas a los otros), la comunicación asertiva se centra en tratar a los otros como tú querrías que te tratasen a ti. Para mejorar esta habilidad, cuando tengamos que abordar una situación polémica es útil centrarnos siempre en los hechos y no en las personas implicadas, eso nos ayuda a distanciarnos emocionalmente y nuestras palabras tendrán menos carga negativa, pudiendo centrarnos en la solución de los conflictos, de forma respetuosa y educada.

4. SABER ESCUCHAR Y PRESTAR ATENCIÓN: La escucha activa es el arte de centrarse en lo que el otro está diciendo. A menudo, las personas renunciamos a escuchar al otro, y mientras el otro habla nos dedicamos a “fabricar” nuestra respuesta. Cuando esto sucede, los diálogos se convierten en competiciones verbales o en monólogos en el que nadie escucha, y todo el mundo se preocupa más de hablar que de entender. No interrumpir al otro es esencial para escuchar, y sobretodo hacer que la otra persona se sienta escuchada, lo cual incrementa el vínculo afectivo entre las personas.

5. ANALIZAR EL LENGUAJE NO VERBAL DE LOS OTROS: Si eres de los que no te sueles fijar en la gesticulación o postura que los demás adoptan, te pierdes una información muy valiosa. Aprende a interpretar sus movimientos y la postura de su cuerpo y entiende qué están pensando o qué están sintiendo. Si le demuestras a los demás que tu comprensión es así de profunda se abrirán sin problema alguno.

6. EXPRESAR UNA SONRISA: La sonrisa es el mayor arma del liderazgo. Aunque seamos personas serias y responsables, no tenemos porque parecer secos y distantes. No cuesta nada dar dos besos o estrechar amablemente la mano. No cuesta nada expresa nuestra bienvenida a los demás con una sonrisa. Las personas físicamente distantes crean rechazo inconsciente.

La inteligencia social es sólo una de las múltiples inteligencias que poseemos, pero bajo mi punto de vista, la más importante. Mediante la inteligencia social conectamos con los otros y compartimos información y emociones. Practicalo.

¿por qué abandonar es más convincente que seguir?

abandonar Desistir, abandonar, dejar, renunciar… Cuando en nuestro pensamiento se inculca esta idea, siempre cala más fácilmente que luchar, repensar, seguir, esforzarse. ¿Por qué?.

Estamos programados para una gratificación inmediata. Normalmente luchar, repensar, seguir, esforzarse y otros verbos de acción suponen un esfuerzo, una planificación, un trabajo cognitivo y/o físico para conseguir una gratificación…pero a más largo plazo. Nuestro cerebro nos engaña haciéndonos decantar por la parte fácil: la de dejar algo que nos agobia, la de abandonar aficiones o personas que no sabemos si nos llenan, renunciar a trabajos que sólo tendrán recompensa en el tiempo. Esta es la realidad, cuando abandonamos, estamos evitando enfrentarnos con aquéllo que nos cuesta o nos duele enfrentar. Preferimos estar anclados en lo que viene a denominarse nuestra “zona de confort”, retroalimentada por pensamientos erróneos que nos llevan a la parálisis y al inmovilismo, en lugar de perseguir decididamente nuestras recompensas. Preferimos creernos las coartadas y excusas autoimpuestas, que apostar por lo que hoy vemos lejano.

No nos referimos a aquellas actividades, situaciones o personas que son claramente tóxicas para nuestro bienestar, que requieren un cambio, sino de todas aquellas otras que necesitan que seamos fuertes, persistentes y consistentes para conseguir nuestros objetivos. En esa decisión, juega un papel fundamental algunos pensamientos intrusivos como “¿para qué voy a seguir si no lo voy a conseguir?” , “necesito dejarlo por un tiempo a ver si me vienen nuevas ilusiones”, o aún peor: “nada de lo que intente me va a salir bien”. Esos pensamientos significan un motín que tiene como objeto disuadirnos de seguir esforzándonos, y conseguir la gratificación inmediata que supone no esforzarse, ni luchar.

La incerteza del futuro sólo se soluciona con la reflexión y el trabajo diario. Anticipar el fracaso nos conduce a una ansiedad, a un “no puedo soportar la incertidumbre” que nos lleva al abandono y a seguir anclados en la situación presente. Visualizar el futuro con vista larga y una buena dosis de realidad, no conduce a la autosatisfacción personal y una vida plena. Los miedos se superan enfrentándose a las situaciones. La ansiedad que nos paraliza nos lleva a la perpetuidad de esos miedos.

Antes de abandonar…distingamos bien entre lo fácil y lo adecuado, porque sólo con lo adecuado conseguiremos nuestras metas.

Inteligencia emocional como asignatura ¿qué opinas?

Inteligencia emocionalSomos muchos los educadores y psicólogos que reclamamos la inclusión de una asignatura obligatoria para que los niños y jóvenes aprendan a descubrir y gestionar sus propias emociones, tranquilizar sus mentes, relajar su cuerpo, aprender de los errores y sentirse cómodos con sus propias emociones y las de los demás.

La empatía, la asertividad, la planificación de objetivos, la resiliencia, la resolución de conflictos (en la familia, en el aula, en la vida) son competencias tan relevantes como las matemáticas o la lengua, para el completo desarrollo de las personas. El mayor beneficio de implantar esta asignatura en los currículums escolares sería una educación tanto emocional como a nivel de consecución de objetivos en la vida: académicos, profesionales, en las relaciones sociales, con respecto a uno mismo…

¿Y Vd qué opina?: ¿Debería incluirse como asignatura obligatoria?.